El Caso Montesi: Un manual para “conspiranoicos” consecuentes (2ª parte)


[Viene de la entrada anterior]


Enero de 1954

Cuando se presentó por fin en los tribunales para responder sobre las diversas acusaciones que pesaban sobre él, Silvano Muto era otro hombre bien diferente.

No sólo confirmó hasta la última coma de cuanto había escrito, sino que agregó nuevos datos, señalando que en un primer momento se vio obligado a decir que todo era falso porque había recibido enormes presiones de las altas esferas. Más aún. En esta ocasión dio nombres y apellidos para sustentar sus tesis. El señor X  no era otro que el marqués Hugo Montagna de San Bartolomeo, director –y propietario- del coto de caza de Capocotta [1] en el que se celebraban las orgías, entretanto el señor Y era ni más ni menos que Gian Piero Piccioni.

Afirmó Silvano Muto que el material para el reportaje se lo había proporcionado un tal Orlando Trifelli, cuyo hermano había visto a Wilma Montesi el día 9 o 10 de abril de 1953, en un coche que se encontraba estacionado delante de la entrada de una casa señorial de Capocotta. Por otra parte, afirmó que dos de las personas que participaban en las orgías salvajes que se sucedían —Adriana Bisaccia y la guapa actriz de televisión Anna Maria Caglio— le hicieron muchas revelaciones confidenciales. Más todavía: que nadie sabía tanto de lo ocurrido con Wilma Montesi como la Caglio en la misma medida que esta chica había sido amante personal del marques de San Bartolomeo.

Sin título
Nicho en el que descansan los restos de Wilma Montesi (Fuente: “L’Unitá”).

La bomba informativa, lanzada estratégicamente por Silvano Muto en una sala atestada de periodistas y curiosos fue tremenda. Tanto, que el Caso Montesi se había convertido en mucho más que un posible asesinato: en una verdadera cuestión de Estado que afectaba a gente “muy gorda”.

Adriana Bisaccia fue la primera de las dos mujeres llamada a declarar por la justicia. Originaria de una familia muy modesta de granjeros de Avellino, había llegado a Roma hacia 1950 dispuesta a ser actriz. Lo cierto es que hizo tan sólo un pequeño papel en una película de segunda clase, pues no cuajó en el mundo del cine. Luego se convirtió en modelo para artistas y comenzó a frecuentar con asiduidad los círculos y locales bohemios de Roma. Allá conoció a un tipo extraño, medio pintor y medio poeta, llamado Duilio Francimei. Este sujeto era adicto a las drogas y, por lo que parece, quien introdujo a Adriana en el círculo del marqués Hugo de Montagna. Tras ser localizada por la policía el 30 de enero en un local de los bajos fondos, Adriana, presa de una terrible crisis nerviosa, fue interrogada durante cuatro horas. Negó haber hablado jamás con Silvano Muto. Señaló que se trataba de una historia fantástica urdida por el periodista y que no sabía absolutamente nada de Wilma Montesi, o de su muerte.

Todo parecía terminarse aquí, de no ser porque Duilio Francimei se presentó de improviso ante los periodistas para sostener que la declaración de la Bisaccia era un enorme montón de mentiras, que ella misma estaba implicada en el tráfico de estupefacientes que tenía lugar en y desde Capocotta, que había conocido perfectamente a Wilma Montesi, y que había firmado una declaración falsa presionada por la policía y los jueces para silenciar el caso.

Como es lógico, el tal Duilio también fue llamado a declarar, pero nunca se presentaría ante los tribunales. Dos funcionarios de policía aparecieron en su casa y, a empellones, le introdujeron en un vehículo para ingresarle en una institución mental. Como suena. Francimei estuvo encerrado allí ocho días y luego de ellos, tras ser declarado mentalmente sano por los psiquiatras que le atendieron, fue puesto en libertad. Nunca se ha sabido qué ocurrió con el poeta –o lo que fuese- durante esta breve reclusión, pero a partir de entonces no volvió a mezclarse ni para bien ni para mal con el Caso Montesi. Blanco y en botella.

Por su parte, Anna María Moneta Caglio, la otra mujer en discordia, no aparecía por parte alguna. A Muto, por tanto, no parecía quedarle otra alternativa que la cárcel, con lo que el Caso Montesi iría a parar definitivamente a los polvorientos archivos judiciales romanos, que era lo que se deseaba desde hacía meses en todos los círculos del poder.

Febrero de 1954

Inopinadamente la chica más buscada de Italia se presentó en la mañana del día 6 ante la policía y pidió declarar públicamente. Con mucha calma y voz de locutora profesional, leyó un escrito de corte autobiográfico que había estado preparando durante todo el tiempo que había permanecido oculta.

Anna Maria Caglio, chica de 23 años de edad y una belleza poco corriente, afirmó ser la amante de Hugo de Montagna, amigo de importantes personalidades y famoso por sus aventuras galantes y sus tejemanejes. Debemos añadir que la Caglio era de origen noble, hija de un célebre notario milanés, y nieta de Ernesto Teodoro Moneta, quien fuera designado Premio Nobel de la paz en 1907. Más madera. La prensa, muy imaginativa para este tipo de cosas, la rebautizó con el apodo de Cisne Negro debido a su belleza, a que su cabello era negro como ala de cuervo y a que, por supuesto, estaba dispuesta a cantar.

En la reanudación del juicio contra Silvano Muto, en el que obró como testigo de la defensa, Anna Maria Moneta Caglio declaró que no conocía personalmente a Wilma Montesi, pero al ver su fotografía en los diarios, tras el óbito, recordó que esa joven morena y elegante había salido en compañía de Montagna de uno de los departamentos que éste tenía en Roma en la tarde del 7 de enero de 1953. Ambos habían partido juntos en un coche que conducía Montagna. Afirmó, además, que todo cuanto el periodista había escrito acerca del sobre las orgías de Capocotta y la red tráfico de drogas del marqués y de Gian Piero Piccioni era radicalmente cierto. Más aún: señaló que Piccioni era nada menos que un asesino profesional disfrazado de sensible pianista y que tenía que ver con otras muertes aparte de la de Wilma Montesi. Evidentemente, estas declaraciones provocaron un verdadero terremoto en la opinión pública y la prensa se abalanzó contra la justicia, contra la policía, y contra el gobierno.

64-annamaria-moneta-caglio
Anna Maria Moneta Caglio asediada por la prensa a la salida de los juzgados.

A todo esto, otra mujer anónima, que firmaba su declaración como Gianna la Roja y a la que nunca se pudo localizar, hizo llegar a la prensa un documento en el que corroboraba todas y cada una de las aseveraciones del Cisne Negro. Dicha mujer indicaba que si su misiva –fechada el 16 de mayo de 1953- llegaba a la policía y los periódicos sería porque ya habría muerto a manos de Piccioni, de Hugo de Montagna o de alguna otra persona en la que estos habrían delegado su asesinato. Y la fecha del encabezado era extraordinariamente relevante, pues en aquel momento de la historia los nombres de estos sujetos no habían sido relacionados con el caso todavía. Más aún. El documento era indiscutiblemente auténtico porque incidía con profusión de detalles perfectamente contrastables en infinidad de circunstancias que nunca se habían hecho públicas.

La bomba que se había tratado de desactivar por todos los medios posibles, por fin, estalló.

El consecuente escándalo de corrupción que destapó el Caso Montesi –ya reconvertido en affaire Montesi- implicaba al director general de la policía, Tomassi Pavone; al prefecto de la policía de Roma, Saverio Polito; al número dos del Partido Demócrata Cristiano, Giuseppe Spataro; al comandante del cuerpo de seguridad pública, Cerra; al prefecto Mastrobuono; a alguna que otra celebridad del mundo del espectáculo, así como a aristócratas como el Príncipe Mauricio de Essen… En fin, un completo bochorno nacional que desencadenó una oleada de detenciones, retiradas de pasaportes y demás.

El contraataque de los implicados fue el de montar la llamada Operación Giuseppe, consistente en tratar de cargar la muerte de Wilma a su tío, Giuseppe Montesi, pero el insobornable juez Sepe, quien reabrió el caso y que había puesto en marcha nuevas diligencias, desmontó esta iniciativa advirtiendo a los implicados que no toleraría ni una sola interferencia a lo largo de la nueva investigación judicial.

Marzo de 1955

Habían pasado casi dos turbulentos años desde el aparentemente insignificante hallazgo del cadáver de Wilma Montesi en Tor Vaianica cuando el fiscal Scardia terminó de instruir el proceso. Todo estaba dispuesto para el que se anunciaba como el juicio más escandaloso de la historia de la República Italiana. El Tribunal Supremo decidió que la causa tendría lugar en Venecia y no en Roma a fin de que la justicia pudiera trabajar con algo más de distancia con respecto a los acontecimientos y ante una opinión pública menos envenenada. Pero el Proceso de Venecia no comenzaría sino hasta enero de 1957.

Enero de 1957

Lo cierto es que la lentitud de la justicia logró lo que no se consiguió mediante presiones policiales y políticas: desactivar la causa y desmovilizar a la opinión pública. Así, el juicio multitudinario que se preveía muy caliente, terminó convertido en una pantomima vergonzante. Todos los implicados de un modo u otro con la muerte de Wilma Montesi, así como con el resto de los cargos en litigio, fueron absueltos. Contribuyó a ello, y no poco, la propia actitud de la familia Montesi que, asesorada nada menos que por cuatro abogados que nadie entiende cómo fueron capaces de pagar con los modestos ingresos de un carpintero, insistió una y otra vez en defender la teoría de que su hija había fallecido a causa de un terrible accidente. Curioso y significativo.

La única justicia que se hizo con la joven consistió en colocar una cruz en el lugar de su hallazgo, en la playa de Tor Vaianica. Una cruz que durante mucho tiempo tuvo flores a sus pies depositadas por manos anónimas. Aún en el presente, muchos italianos mantienen la convicción de que el Caso Montesi no sólo fue un escándalo por la talla y clase de los implicados en el mismo, sino por el hecho de que nadie pagó por ninguno de los graves crímenes cometidos.

Cruz sobre la arena de Tor Vaianica en el lugar en el que fuera encontrado el cadáver de Wilma Montesi. Fotograma de la película
Cruz sobre la arena de Tor Vaianica en el lugar en el que fuera encontrado el cadáver de Wilma Montesi. Fotograma de la película “Forza Italia”.

La cruz, por cierto, ya no existe.

Sin embargo, el crimen de la Montesi y sus derivaciones han influido enormemente en la historia cultural de la Italia –y de Europa- del último tercio del siglo XX. Sin ir más lejos, Stephen Gundle, en su libro La muerte y la Dolce Vita (Seix Barral, 2012), muestra como Federico Fellini se inspiró en la peripecia del Caso Montesi, así como en algún otro escándalo similar del momento, para plasmar en su película de 1960 la cara oculta y más turbia del glamour que rodeaba a las clases acomodadas italianas de la época. La gente guapa que escondía terribles secretos, alimentaba impúdicos vicios y burlaba la ley con total impunidad… Hay quien dice que la archifamosa escena en la que una sensual Anita Ekberg se da un chapuzón en la Fontana di Trevi esconde un homenaje oculto de Fellini al último baño de Wilma Montesi: la hija del carpintero que quiso acceder a la vida de los reyes. A La Dolce Vita.

Anita Ekberg durante su icónico baño en la Fontana di Trevi (
Anita Ekberg durante su icónico baño en la Fontana di Trevi (“La Dolce Vita”, Federico Fellini, 1960).

[1] Este coto se extendía entre Tor Vaianica y Ostia, perteneciendo originalmente a la Casa de Saboya. Se encontraba en 1953 dividido en dos partes: Castelporziona, de titularidad pública, y Capocotta, propiedad del marqués de San Bartolomeo. Este segundo lugar era, por lo que parece, en el que tenían lugar las supuestas orgías. Más aún, la entrada norte de la finca del marqués se encontraba muy cerca del lugar en el que fue hallado el cadáver de Wilma Montesi.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s