Mente-Ficción

Sin ser un gran lector de ciencia-ficción, que lo soy sólo en la medida justa porque me parece un género algo “trash” en el que no siempre triunfa lo mejor, siendo el concepto de “lo mejor” de difícil definición por cuanto se mueve en el ámbito de las preferencias del lector de turno, no es menos cierto que cuenta con obras y autores que son clásicos irrepetibles. Porque en la Ci-Fi más que producciones sistemáticas consistentes –excepción hecha, tal vez, de la célebre Fundación de Asimov o de la obra de Arthur C. Clarke- hay piezas escogidas. Obras singulares que se concibieron y parieron en momentos de deliciosa inspiración y que luego sus propios creadores han sido incapaces de superar. Permitidme que me entretenga en alguna de ellas a fin de desarrollar una idea.

UbikComencemos por la muy filosófica Ubik, de Philip K. Dick. Una novela sencilla, de criterio argumental fácil, lineal y escasamente retórico. Es una historia sin adorno, trampa ni cartón, de estilo feísta, en la que K. Dick prima el fin sobre los medios y a los motivos sobre los personajes. Al mismo tiempo, se trata de una historia inconcreta que no concluye en nada, pero que finaliza en todo. Un relato que plantea preguntas que nunca responde y que responde a cuestiones que nadie plantea. Al final -y esto es lo más interesante- no se sabe qué es el dichoso “Ubik” (una especie de soporte, de esencia, de materia instantánea), pero quizá quede en evidencia que nuestros propios cuerpos no son otra cosa que el “Ubik” que soporta aquello que realmente somos. Paranoia K. Dick en estado puro.

Starship TroopersHablemos ahora de Starship Troopers, de Robert A. Heinlein. Una utopía fascista que se mofa del fascismo. Una oda al militarismo escrita por un libertario y destinada -irónicamente- a ridiculizar al propio militarismo. Starship Troopers es una novela excesiva, sobreactuada, en la que todo es a lo grande, brutal, salvaje, desmedido… Se trata de una historia grandilocuente que se ríe de sí misma y que abusa del superlativo para desenmascarar el absurdo de fondo. Suele ocurrir, y así lo descubre Heinlein, que muchas posturas sólo desvelan su estupidez intrínseca cuando son elevadas a la enésima potencia. Es una pena que Paul Verhoeven no entendiese nada de esto y se limitara a hacer una película de violencia redundante y escasa fidelidad al texto, que termina por traicionar la intención de partida de su autor, algo por lo demás bastante habitual en el cine fantástico si exceptuamos a la siempre colosal e indiscutible Blade Runner. Para Heinlein -y esta es su guasa final contra los amantes de la tropa y el pensamiento único- el factor individuo vence a la superioridad aparente del elemento colectivo: un hombre sólo es capaz de triunfar allá donde no ha podido hacerlo un ejército completo.

DunePasemos a la muy célebre Dune de Frank Herbert -obviaremos muchas de sus absurdas secuelas así como la muy estética pero bastante aburrida versión cinematográfica de David Lynch- porque viene a contarnos una historia que no se parece prácticamente a nada. Herbert ofrece una lección de cómo construir un cosmos desde cero, un ecosistema con vida propia desde la nada. Un mundo alternativo que funciona con sus propias reglas, con sus propios fines y que se vale de sus propios medios. Lo más interesante es que el ejercicio de Herbert, que ha sido pretendido por muchos otros con bastante menor éxito, funciona a la perfección. Está imbuido de una lógica aplastante que el lector asume, que sólo vale para él mismo, pero que al mismo tiempo carece de sentido alguno fuera de él. Dune, entendida desde un punto de vista meramente técnico, es la novela total. Un ejercicio creativo de arquitectura literaria realmente espectacular. Y lo mejor, culmina con otro relato del factor individuo: en un universo genéticamente matriarcal, en el que sólo las mujeres desarrollan poderes psíquicos, resulta que el mesías, el elegido, es el único hombre capaz de desarrollar semejante clase de poderes. ¿Una broma psicoanalítica? ¿Inversión de roles de género? ¿Simple provocación?

El Hombre CompletoTerminaré con la aportación del relativamente desconocido John Brunner con El hombre completo. Una historia que opera como el equivalente británico a los desvaríos psicologicistas de Philip K. Dick, y que se replantea, de manera enteramente nueva, la vieja dicotomía mente-cuerpo. Si tu mente se desarrolla de manera tan prodigiosa que te permita hacer cosas increíbles, ello sólo será posible a costa de sacrificar tu cuerpo, de convertirlo en un mero sostén fisiológico (otra vez el soporte vital), porque en la naturaleza nada sale gratis. La belleza extrema necesita de la extrema estupidez para reproducirse. La psique ultra-desarrollada plantea como condición la poca o nula inversión en materia estética. Así lo sufre el protagonista de la historia de Brunner, Howson, pues el telépata más potente del mundo es al mismo tiempo un ser contrahecho que detesta tanto su propia apariencia que, por lo pronto, no entiende qué clase de ventaja podría suponer la posesión de un poder como el que posee.

Si nos damos cuenta, el hilo conductor de estas cuatro historias, así como de otros clásicos del género que bien podría traer a colación como Yo, Robot o El planeta de los simios, es el mismo. Plantean visiones filosóficas y psicosociales del ser humano dominadas -mejor sería decir atravesadas en lo transversal- por lo más misterioso, inexplorado e incontrolable que existe: la mente, su génesis, sus capacidades, su desarrollo, su potencial y sus limitaciones. Ello, imagino, nos lleva a concluir que el catalizador necesario para una gran novela de Ci-Fi no son la técnica o la ciencia, que a menudo operan tan solo como elementos circunstanciales sino, antes bien, la experiencia psíquica, el factor individuo, la esencialidad personal, su calidad y sus fronteras. Si estos autores visionarios tratan de mostrar que, por encima de las vicisitudes de la naturaleza, lo único que realmente rige nuestro destino, el elemento decisivo de cuanto acontece en la cultura, reside en nuestra propia condición… ¿Por qué llamar ciencia-ficción a lo que en realidad no sería en última instancia otra cosa que mente-ficción?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s