Malditos lunes…

El sobrevaloradísimo como músico  Bob Geldof debe su reconocimiento internacional, básicamente, a tres cosas: la canción I don’t like mondays, éxito incuestionable de la banda que lideraba -The Boomtown Rats- y que vio la luz en 1979; haber protagonizado la célebre versión cinematográfica de The Wall, dirigida por Alan Parker en 1982 y que fue la adaptación al cine del gran trabajo musical de Pink Floyd; y la organización de los dos macroconciertos “Live Aid” en 1985… El resto de su carrera ha tenido más que ver con el activismo político británico que con la música propiamente dicha, en la que ha obtenido cotas de éxito más bien discretas. Sin embargo, y a ello se reduce en gran medida la magia de la mercadotecnia, y aunque pocas personas saben quién es realmente Geldof y la inmensa mayoría ni tan siquiera le pone cara, casi todo el mundo es capaz de tararear aquello de que no le gustan los lunes. Un tema que ha alcanzado hace mucho tiempo el rango de clásico de la música pop, que no pocas veces aparece en esos harto discutibles listados de “las 100 mejores canciones”, y que por aquello de la extensión antropológica de la cultura popular convirtió en tópico esas frase que con la que todos alguna vez hemos comenzado la semana.

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El Geldof de los tiempos dorados en la portada de Rolling Stone.

La cuestión, y vamos a nuestro asunto, es que Bob Geldof se inspiró para componer su celebérrimo himno pop en un teletipo aparecido en una emisora de radio de Atlanta. Resulta que estaba realizando una entrevista allí -concretamente en la radio del campus de la Georgia State University-  y la dichosa maquinita comenzó a escupir una cinta con la peripecia de Brenda Ann Spencer, una moza que se había liado a tiros con el personal de un colegio bajo el pretexto de que no le gustaban los lunes. Un mes después de aquello, Geldof ya estaba interpretando aquella canción que sería número uno en Gran Bretaña durante cuatro semanas, pese a los denodados intentos de la familia de Brenda por obligar a la banda a retirarla de su repertorio -obsesión farisaica, pues bien podrían haberse preocupado de la niña antes de que todo ocurriera- y solo las emisoras del área de San Diego (California) se abstuvieron de emitirla durante años como cínica muestra de “respeto” hacia las víctimas del tiroteo y sus familias. En uno de esos actos de estupidez superlativa que solemos cometer los humanos al creer que el mero hecho de ignorar los acontecimientos, o de simplemente silenciarlos, los convierte en menos dolorosos o simplemente hace que desaparezcan como por arte de magia.

Brenda Ann: la niña del rifle

Nacida en 1962 en el seno de una familia de clase media-baja, Brenda era el típico producto de la inadaptación social y de la pobreza inserto en esa casta social a la que los estadounidenses llaman despectivamente, pero de suerte muy gráfica, “white trash” -basura blanca-. De tendencias homosexuales “desde la infancia”, como ella solía decir, vivó con su padre tras el divorcio de sus progenitores… Y la influencia fue nefasta: Wallace Spencer era un alcohólico inútil que fue incapaz de ofrecer a su hija nada aparte de un colchón en el suelo del salón para dormir y un montón de botellas vacías como compañeras de juegos.

Brenda Ann
Brenda Ann Spencer en custodia policial. Por su cara, está claro que odiaba los lunes.

Problemática desde la niñez, Brenda Ann comenzó bien pronto a meterse en líos en el colegio y con la policía, sin que faltara en el elenco de sus conductas extrañas una fuerte tendencia autodestructiva. Obviamente, una infancia sin límites ni guía educativa de clase alguna la habían convertido en una adolescente inadaptada incapaz de respetar la autoridad o de respetarse a sí misma. Además, luego se supo, tenía una lesión en el lóbulo temporal del cerebro que se produjo tras caerse de la bicicleta y que nunca fue atendida… Así las cosas, en 1978 terminó en una especie de internado para alumnos difíciles en el que, tras la pertinente valoración psicológica, se concluyó que tenía depresión crónica y tendencias suicidas. De hecho, se pidió a sus padres permiso para internarla en un hospital psiquiátrico, a lo cual Wallace se opuso.

Antes al contrario, lo que sí hizo el perla de Wallace Spencer fue regalar en la navidad de 1978 a una jovencita de quince años aquejada de un grave desequilibrio psicológico un rifle Ruger 10/22  equipado con una mira telescópica. Y no solo: también quinientos cartuchos de munición para que “matase” el tiempo. Tal vez fuera por que Brenda Ann había empezado a ser conocida en todo el vecindario de San Carlos por ser la pirada que se entretenía cazando pájaros… Pero lo más sorprendente del caso es que, como regalo de navidad, lo que Brenda había pedido a su padre era un radiocassette. Quién sabe: igual simplemente pretendía que la chica se pegase un tiro y, de hecho, Brenda siempre ha estado convencida de que la intención oculta de aquel extravagante regalo fue precisamente esa.

Y el caso es que, pese a todo, renegando de los docentes que la acosaban porque se dormía en clase y odiando a los policías a muerte -siempre dijo que le gustaría disparar sobre uno- la chica también tenía sus talentos y podría haber salido adelante en un entorno propicio. Por ejemplo, siempre había mostrado un profundo interés por la fotografía, ganando incluso un certamen escolar cuya temática era, paradójicamente, la protección de los animales.

“No me gustan los lunes”

El lunes 29 de enero de 1979, temprano, Brenda Ann Spencer cargó el rifle y se apostó en una de las ventanas de su casa. Precisamente aquella desde la que se divisaban mejor las instalaciones del colegio que había al otro lado de la calle, la Grover Cleveland Elementary School -Centro académico que, por cierto, ya no existe pues cerró sus puertas durante la década de 1990-. Era la hora de la apertura de puertas del centro y uno de los conserjes, Burton Wragg, estaba en la tarea. Brenda observó a través de la mira durante unos instantes y, como suele ocurrir en los casos de asesinos francotiradores, comenzó a disparar aleatoriamente, sobre quienes le fue pareciendo mejor por las razones más peregrinas: el color de la camiseta, el color de los pantalones, la pinta de su mochila… Hizo treinta disparos. Ocho chicos resultaron heridos. Wragg murió al intentar protegerlos, al igual que otro de los vigilantes del centro, Mike Suchar, al que Brenda abatió cuando intentaba poner a uno de los muchachos tiroteados a salvo.

Ruger 10-22
En la imagen se muestra un rifle Ruger 10/22 con mira telescópica idéntico al que empuñó Brenda Ann el día maldito.

Acto seguido, Brenda Ann Spencer cerró la ventana y se encerró en la casa. El manual en estos casos dice que los tiradores solitarios, al igual que los asesinos en masa, suelen terminar inmolándose al verse acorralados al no existir un propósito a su crimen, un después, pero no fue así en esta ocasión -otra paradoja tratándose de una persona diagnosticada de ideación suicida- gracias al concurso de una periodista local que logró mantenerla aferrada al teléfono durante horas. De esa conversación salió, precisamente, la célebre frase que inspiró la canción de Bob Geldof: cuando la periodista preguntó a Brenda por qué lo había hecho su respuesta, ante la perplejidad de todos, fue que porque no le gustaban los lunes. Sentencia que debió hacer cierta gracia a la asesina pues ya no se cansó de repetirla en los meses posteriores.

Sin más. Podríamos tratar de ponerle mayor literatura al caso, pero simplemente no la tiene.

Solemos pensar, de hecho, que hace falta una motivación elaborada, profunda, erudita para matar a alguien. Una simple buena razón. Más aún cuando se mata con un arma de fuego en la medida que requiere cierto entrenamiento, planificación, y que quien la utiliza ha tenido tiempo de sobra para pensar adecuadamente en lo que está haciendo. Y precisamente esto es lo que nos muestran reiteradamente casos como este: que a menudo, por extraño que pueda resultarnos, no hay absolutamente nada que comprender. A veces se mata por matar, porque sí, porque se puede, porque simplemente se está desequilibrado y pare usted de contar. Punto.

Sea como fuere, Brenda fue tratada por la justicia como si fuera adulta y condenada a una sentencia de 25 años a cadena perpetua, lo cual significa que a la edad de 41 ya estuvo en tiempo de solicitar la libertad condicional, cosa que el Estado de California nunca le ha concedido hasta el presente… En la cárcel fue reevaluada y diagnosticada de depresión y epilepsia, sin embargo ha sido siempre una interna modelo -tópico- que ha trabajado habitualmente como reparadora de electrodomésticos.

La canción

Puesta en contexto, la canción de Geldof adquiere todo su sentido y se comprende el motivo de que su letra fuera galardonada con el premio Ivor Novello para cantautores y compositores británicos. Así pues, os la dejo traducida en la convicción de que a partir de ahora siempre la escucharéis desde un enfoque bien distinto:

I Dont Like Mondays
He aquí el single de la discordia. Una joyita de coleccionista si lo tienes por casa. Al principio, Geldof quería convertir la canción en Cara-B, pero en vista del éxito obtenido se decidió por darle mayor protagonismo.

El teletipo se mantiene impoluto
mientras teclea hacia un mundo que espera
y mamá se siente conmocionada,
el mundo de papá se balancea,
y sus pensamientos se centran en
su pequeña hija.
Dulces 16, no es un lamento fácil,
No, no es bueno admitir la derrota.
No pueden ver las razones
porque no hay tales razones
¿Qué razones necesitas?

Dime por qué no me gustan los lunes
Dime por qué no me gustan los lunes
Dime por qué no me gustan los lunes
Quiero matar de un tiro al día entero, matar, matar
al día entero.

Ahora los juegos se han detenido en el patio
Ella quiere jugar con sus juguetes un rato.
Y la escuela termina temprano y pronto estaremos aprendiendo
y la lección de hoy es la de cómo morir.
Y el megáfono cruje,
y el capitán cruje,
con los problemas y los “cómos” y los “porqués”.
Y no puede ver ninguna razón
porque no hay razón alguna
¿Qué razón necesitas para morir?

El chip de silicona de su cerebro
se ha sobrecargado
y nadie va a ir a la escuela hoy,
ella va a hacer que se queden en casa.
Y papá no lo comprende,
pues siempre dijo que ella era buena como el oro.
y no puede ver ninguna razón
porque no hay razón alguna
¿Qué razones necesitas?

Dime por qué no me gustan los lunes
Dime por qué no me gustan los lunes
Dime por qué no me gustan los lunes
Quiero matar de un tiro al día entero.
Dime por qué no me gustan los lunes
Dime por qué no me gustan los lunes
Dime por qué no me gustan los lunes
Quiero matar de un tiro al día entero.

I don’t like mondays (Bob Geldof, 1979)

[Ver videoclip]

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