Mundo “primo”

Fabricar mitologías de baratillo y leyendas urbanas con gaseosa se ha convertido en uno de los grandes fenómenos psicosociales del siglo XXI. La tontería infundamentada que hace siglos tardaba décadas en recorrer un continente entero, en el presente salta océanos a golpe de clic, de foro en foro, de red social en red social y de web en web, con tal velocidad que ya casi ni da tiempo a enterarse de qué pasó, cómo pasó, qué pasa ahora con eso y a dónde irá a parar el tema. No importa tampoco. Lo verdaderamente relevante es que cuentes tu chorrada y que la tontería se mueva en todas direcciones a la velocidad de la luz. Lo mismo que ha hecho siempre la televisión y que antes pretendían los periódicos, pero en versión vértigo, a todo trapo y sin solución de continuidad.

Ya saben: la milonga tradicional de que “un estudio publicado por una universidad de nosedonde demuesta que las ranas tienen pelo invisible.”

Hace unas semanas, en marzo de 2016, tuvimos un perfecto ejemplo de hasta qué punto la sandez superlativa puede gobernar millones de espíritus en minutos, lo cual ha elevado a máxima el axioma que cualquier buen moldeador de mentes -con cualquier fin- ha aprendido del maestro Goebbels: no hay que molestarse en desmentir un hecho, cosa que suele tener el efecto paradójico y contraproducente de validarlo, pues es mucho más efectivo difundir masivamente una mentira más atractiva que lo tape. Tal vez sea porque la gente tiene tantas ganas de creer en “cosas” -especialmente en “cosas que molen”-, que está dispuesta a creer prácticamente en “cualquier cosa” siempre y cuando venga envuelta en buen papel. Norma primera del manual del timador, axioma vital del vendedor de crecepelo, herramienta nuclear de la prensa sensacionalista y mantra oculto de cualquier editor exitoso de libros de autoayuda. Más importante que la verdad es la verosimilitud en la medida que esta última, venenosa al estar trufada de medias verdades, es mucho más difícil de afrontar y combatir.

Resulta, y voy al caso, que la expedición de la selección danesa de balonmano femenino se encontraba en un aeropuerto. Un equipo de cámara de la cadena de televisión danesa TV2 se acerca al seleccionador nacional y empieza a hacerle estas tópicas preguntas que se hacen a cualquier técnico de cualquier deporte en casi todo el mundo civilizado (y en el otro): “el partido bien, ¿no?”, “las lesiones muy chungas, o sea que mal ¿no?”, “la victoria-derrota de turno muy importante para el futuro del equipo, ¿verdad que sí?”, “tal jugadora es la pera limonera, aunque tu no la pongas, tío que no te enteras ¿eh?”… Y que el técnico en cuestión, avezado en estas lides, siempre contesta como si no las hubiera escuchado nunca. Vaya, todo muy en serio y siguiendo el guión habitual… A todo esto, al fondo del plano, dos mujeres charlan de sus cosas. Se despiden. Una de ellas se aleja empujando un carrito… Y tras ella, como por arte de magia, su interlocutora desaparece. Se esfuma. Al parecer se volatiliza, vaya… O mejor lo veis vosotros mismos, aquí (y no os olvidéis de volver luego): YouTube.

Bueno. Por cierto que lamento la musiquilla inasumible que ha puesto el crédulo que ha hecho el rocambolesco montaje y que resulta ciertamente molesta. No obstante, he elegido este video entre otros porque es de los pocos que muestran la imagen monda y lironda, sin que aparezcan flechitas, circulitos y otras estulticias prestas a subrayar lo obvio.

El hecho es que el video, publicado primeramente por la Web Imgur tuvo la friolera de 14 millones de visitas en tiempo record y fue compartido varios millones de veces. Las especulaciones se disparaban porque, lamentablemente, tal vez debiera decir “precisamente”, la revolución tecnológica ha venido a coincidir en el tiempo con una sociedad occidental repleta de gente desocupada: que si se trata de un fantasma, que si la pobre se había caído en la cinta portaequipajes de atrás, que si había sido un secuestro exprés, que si era un caso claro de teleportación… Lamentablemente para los difusores de bulos y torpezas -generadores de leyendas urbanas, para que nos entendamos- la propia mujer desaparecida salió a cargarse el mito bien pronto chafando las ilusiones de los millones de ilusos que campan a sus anchas en busca de alguien solidario que esté bien dispuesto a pegarles el timo de la estampita.

Resulta que se trataba de la jugadora del combinado danés Trine Jensen -en el colmo de la chorrez y el corta-pega chungo incluso muchos de los medios que han querido sumarse al desmentido del bulo han puesto mal el apellido de la moza porque, total, para qué vas a trabajar si puedes copiarlo- quien, al terminar la charla, y advirtiendo que estaba dentro del foco de la cámara, decidió utilizar el cuerpo de la otra como pantalla para salir de plano. Y el hecho es que lo hizo tan bien que, al escabullirse, produjo el curioso efecto óptico que vino a levantar tanta polvareda. Y es que el mundo en 3D a veces sale muy mal retratado en el 2D de las pantallas.

Trine Jensen
La balonmanista “desaparecida” Trine Jensen, alias ninja.

Lo mejor de todo: muchos de los medios que se sumaron al bulo legendario no lo han desmentido. Quienes especularon con fantasmagorías y otros engendros similares tampoco se han dignado en cambiar de opinión públicamente, bien sea como leve escarnio y flagelo de sus delirios. Seguro que aún quedan por ahí un par de millones de crédulos preocupados por la triste suerte de esa pobre mujer diluida en la nada.

Parece mentira que gente pretendidamente adulta viva y se comporte con tal grado de infantilismo y goce de tan escaso sesgo autocrítico. Supongo que se trata de uno de esos perversos artificios biológicos con los que nos ha dotado la carrera evolutiva, que son parte intrínseca de nuestra condición antropológica, pero que al mismo tiempo, descontextualizados, fuera de selvas y sabanas, opera en nuestra contra. Pero, cierto que con menos literatura, ya me lo explicó en cierta ocasión en un penal un tipo que cumplía condena por estafa cuando le expresé mi sorpresa ante alguna de las historias que me contó:

-Pero tío, ¿la gente se lo creía?

-Macho, a ver si te enteras de que cada minuto nace un primo.

Pues eso. Mundo Primo.

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