Cultura

¿Qué es cultura? ¿Dónde está la cultura? No son preguntas retóricas ni pretendo con ellas poner trampa alguna. Se trata de interrogantes sinceros. ¿Es cultura la llamada “cultura de masas”? ¿Tal vez lo que una élite considera “culto”? ¿Algo es cultural porque lo paga el Ministerio de Cultura, o un ayuntamiento, o una fundación? Y las cuestiones que podemos plantearnos llegan más lejos y pueden adquirir mayor calado si nos lo proponemos. A ver: si cuatro señores a los que se tiene por doctos sin ulterior demostración deciden que esta cosa o aquella otra son “patrimonios culturales”, ¿resulta entonces que ya forman parte de la cultura en cuanto tal? Vaya lío que tengo.

¿Es cultura –pregunto porque no lo sé- una revisión del Don Juan Tenorio representada por un grupo de actores en tanga?

¿El Jazz? ¿Un concierto de la banda de mi pueblo?

¿Y una película de Torrente?

¿Eso que llaman “cultura española” consiste en comer paella y disfrutar escuchando copla?

¿Es más culto lo que te recomienda el crítico de la revista de moda porque se llama como se llame que lo te recomienda un amigo? ¿Es que al final la cultura verdadera se rige por el principio de autoridad?

dny_spanelske_kultury_2012
Así anunciaba el “día de la cultura española” la emisora checa Radio Praga en 2012… Definitivamente, algo no marcha bien.

A lo mejor la cultura es como lo de la “marca España” (paella + sol + playa + cachondeo + excursiones a la Ciudad Encantada). Vendámoslo todo junto, en plan 2 por 1, como si se tratara de un bote de mayonesa. De hecho, fijaos, ahora los medios ya no hablan simplemente de la cultura sino de la “oferta cultural” como si al final todo quedara reducido a las rebajas de unos grandes almacenes (igual es eso).

En un afán por democratizar y hacernos accesibles hasta extremos rayanos en la más completa estulticia masificadora todos y cada uno de los elementos que se quieren considerar “culturales” por las razones más variopintas, estamos provocando un completo desmadre. La cultura es ya un jaleo, un pretexto, una coartada, un cliché de moda más.

El resultado es que todo el mundo se siente obligado por motivos ignotos a culturizarse a todo trance y con respecto a cualquier cosa. Le importe o no. Los museos acumulan colas de domingueros que dan dos vueltas a la manzana siempre y cuando se cumpla con el requisito de haber anunciado lo que se expone a bombo y platillo… Porque entonces –y solo entonces- es que toda esa gente se acuerda de que el museo de marras existe. Y va. Y lo ve sin enterarse de nada. Y a lo mejor no vuelve más. Lo peor de todo es que el mercadillo cultural es tan extenso, rocambolesco, enrevesado y jaleoso, que ya no sabemos cómo separar el polvo de la paja. Igual crees que te culturizas cuando en realidad estás perdiendo el tiempo miserablemente. O te están tomando el pelo de la manera más triste.

cerebro-en-fuga
“Parad que me apeo”.

Nos han llenado la cultura de trampas. De artificios y artefactos que no se comprenden pero se admiran por prescripción facultativa, sin rechistar, no vayan a llamarte cateto por llevar la contraria. Te dicen, por ejemplo, que leer es cultura, pero no te dan un folleto de instrucciones que te ayude a separar los libros buenos de los malos… Como resultado, tenemos a millones de personas perdiendo el tiempo con el bodrio de moda cuando podrían estar empleándolo mejor en cualquier otra lectura digna. Creen que leen, pero la verdad es que simplemente se entretienen. Matan el tiempo sin provecho alguno.

Hace años, cuando era más joven y el optimismo me embargaba, pensaba honestamente que esto de leer lo que fuera no era mala cosa, que tarde o temprano el lector de libros de usar y tirar terminaría por irse navegar en mares más productivos, pero he descubierto que estaba equivocado: lo que ocurre es que simplemente se traslada hacia otro libro similar, deambula en busca de más entretenimiento, encuentra dónde engancharse, y establece de esta manera un círculo vicioso del que ya nunca sale. Ni quiere. No quiero significar con todo esto que leer cualquier cosa “de moda” sea algo intrínsecamente malo, que no lo es. Lo perverso, lo engañoso, lo irremediablemente nefasto, es no pasar de ahí. Pensar que ese es el límite y que ya se ha encontrado una impepinable llave de acceso a la cultura.

En efecto. Los metapoderes económicos que pululan en las sombras de la sociedad de consumo han terminado por transformar la cultura en una película de Indiana Jones. Ya no tenemos ni idea de cuándo nos cubriremos de bichos, se nos hundirá el suelo bajo los pies, o seremos hechizados por el malicioso chamán de una tribu amazónica. Se nos pone la zanahoria de la cultura frente a las narices para endiñarnos, a hurtadillas, cualquier cosa que el experto en mercadotecnia de turno sepa colocarnos. Se nos exige que seamos críticos, que nos formemos e informemos, que investiguemos, que nos esforcemos por comprender, y al mismo tiempo, de tapadillo, nos empancinan con un suculento menú de prensa amarilla a la salsa rosa con guarnición de fútbol. Y de postre, media hora de parte meteorológico. Dicen que algo de todo eso es cultura, información útil y valiosa, que tienes la obligación moral de embadurnarte con ella, pero en realidad sólo quieren tenernos entretenidos. Pretenden que nos mantengamos en el papel de espectadores… “Culturízate y no participes que esto no va contigo”. Más o menos como lo de la política.

forges
Preclaro Forges.

Acepta que la noticia pretendidamente científica que se te cuenta de pena, y que además suele versar sobre temas sobre los que lleva años publicándose, encierra alguna clase de saber mitológico que va a convertir tu vida en algo mucho mejor y menos triste de lo que es en realidad.

Métete en la red social que te soporte, vomita tus porquerías y largo. ¿Te has quedado a gusto? Pues mañana más.

Nos han malversado la cultura. Ahora un disco es bueno si es el más vendido, una película es importante si obtiene el récord de taquilla, un libro es decente si colma las expectativas de ventas, una obra de teatro es interesante si llena todas las funciones durante tres meses seguidos. Las series de televisión son fantásticas si superan los índices de audiencia preestablecidos por la cadena que las emite… La cultura se ha fusionado con las matemáticas dando lugar a una falacia como no recuerdan los tiempos. No puede extrañarnos, por consiguiente, que las prioridades de la cultura se hayan alterado por completo y que las conversaciones y tertulias que se escuchan sobre temas “cultos” no aborden ya en profundidad contenidos en sí mismos, sino que se muevan en lo meramente superficial y accesorio. No importa.

Tu consume lo tuyo. Habiendo cumplido con tu cuota del “mercado cultural” y, ante todo, habiéndonos demostrado a todos los demás que lo has hecho, ya estás en la cultura, en lo que se lleva. No necesitamos saber cómo es aquello de lo que nos hablas, pues nos basta con saber que has tenido acceso. Lo demás se da por supuesto. Bienvenido a la cultura.

¿Y el resto? ¿Qué pasa con aquello de lo que no se habla? ¿Qué ocurre con lo que nadie recomienda? Bueno, todo eso simplemente no existe. Lo triste es que el verdadero conocimiento no necesita esconderse de manera activa a tus ojos porque basta con mantenerlo precisamente ahí, en el ángulo muerto. A nadie extraña, por tanto, que en estos tiempos que corren nos haya entrado de golpe y porrazo tanto interés por las teorías de la conspiración. Claro. En el fondo sabemos que algo no funciona bien y que hay gato encerrado.

Pero debes sabe que el conocimiento positivo y eficaz es accesible, no nos lo han ocultado ni nos lo han hurtado en mitad de la noche. Antes bien, el problema es que ese conocimiento no se encuentra en el circuito habitual de la maldita fabrica de cultura “oficial”. Está aplastado por ella, vive en las catacumbas de su cadena de montaje esperando a ser desenterrado de entre la porquería con la que pasamos el rato. En la sociedad de la información no existe la censura –no lo creas- porque no hace ni repajolera falta. Basta, simplemente, con no publicitar lo que no queremos que se difunda. Para que esforzarse en esconder cuando te basta con confundir.

Sólo existen los medios. Las redes. Genialidades de 140 caracteres y miles de fotografías imbéciles que esperan un “me gusta”. El objetivo final del montaje es ser “trending topic”. Fin del debate.

¿Y la cultura dónde queda?

odio-twitter

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s