La pareja ideal para sobrevivir al fin del mundo (o una reflexión alegórico-irónico-sarcástica acerca del apocalipsis presente)


“Creo que la vida en la Tierra está ante un riesgo cada vez mayor de ser destruida por un desastre, como una guerra nuclear repentina, un virus creado genéticamente u otros peligros”.

Stephen Hawking


Imagina que mañana comienza el fin del mundo tal cual lo conocemos.

No es tan difícil. Basta con escuchar hablar a un experto durante diez minutos sobre el cambio climático para anticipar la idea y comenzar, inopinadamente, a tener sudores fríos.

Será por eso que no hacen otra cosa que bombardearnos con series de televisión en las que se produce el apocalipsis zombi, o un pulso electromagnético inducido por una llamarada solar nos devuelve a la Edad de Piedra, o un meteorito gigante arrasa con el noventa por ciento de la humanidad y todo se termina yendo, de un rato para otro, a hacer gárgaras… Bueno, pues imagina que eso que cualquier día terminará pasando –porque es un hecho que todo cuanto empieza termina, y que la Humanidad se acabará por necesidad-, fuera a pasar mañana mismo.

En tal tesitura, si tienes la mala pata de sobrevivir al primer desastre de los muchos que vendrán después, surge inmediatamente la cuestión de a quién te conviene tener como pareja para afrontar el caos. Y digo “mala pata” porque debes creerme si te aviso de que, a la inmensa mayoría de nosotros, incapaces como somos de distinguir entre un higo chumbo y una biela, más nos valdría morir a las primeras de cambio para ahorrarnos muchos sufrimientos innecesarios antes de terminar con nuestros tristes días.

Fíjate bien que no digo “grupo”, sino “pareja”. No es casual. Ya sabes que yo nunca doy puntada sin hilo.

Fin del mundo
No te equivoques: algún día esto ocurrirá.

Las personas que debes ignorar.

Las series, los pseudo-documentales, los libros de supervivencia baratos y las novelas de ciencia ficción se han aburrido de explicarnos que los grupos grandes sobreviven mal a este tipo de situaciones. Al fin y al cabo, es imposible, tal y como ocurre en las insufribles comunidades de vecinos, evitar que se cuelen en ellos dos o tres imbéciles patosos que creen que lo saben todo, que quieren mandar a todo trance, y que os complicarán mucho la vida al resto. Además, es un hecho que cuando las cosas se ponen mal no hay que fiarse de todo el mundo. A la gente, cuando ve su pellejo en cuestión, se le enciende la bombilla de la supervivencia y se convierte en un mal bicho capaz de cualquier burrada. De modo que, a la hora de afrontar el fin del mundo, más vale solos que mal acompañados, y volverse medianamente antisocial puede ser tan eficiente para sobrevivir como hacerse con una buena escopeta –cosa que, por cierto, es lo primero que deberías buscar-. Así que volvamos a la cuestión inicial, porque, como se sabe desde tiempos inmemoriales y por mera ciencia infusa, la soledad impuesta no es buena desde el punto de vista psicológico y hemos de conservar la chaveta.

Debes, por lo tanto, responderte esta pregunta: ¿A quién seleccionaras como pareja para garantizar la supervivencia de ambos y, tal vez, a medio plazo, de la de la propia especie humana?

Yo no soy muy de dar consejos –aconsejar es un derecho que uno no tiene, sino que ha de ganarse, que le tienen que conceder-, pero sí te daré una primera indicación de carácter general: deberías olvidarte inmediatamente de esas tías-tíos guapísimos que gritan histéricamente cuando ven un bicho, ponen gesto de asco ante un plato de coliflor hervida, se tiran la mayor parte del tiempo pensando en su imagen física, pasan horas frente al espejo colocándose el flequillo o haciéndose bodoques en la nuca con una maquinilla, creen que el epítome de la vida reside en machacarse durante horas con unas mancuernas o en comprarse modelitos, no tienen otra cosa en la cabeza que el diseño del tatuaje nuevo que se harán en el lugar más insospechado de su anatomía, y tuercen el gesto ante el olor a alcantarilla, o se agobian cuando su pareja se tira un pedo. Debes ignorar sistemáticamente a esas personas “florero” que se pasan la vida dándole caña al “whatsap” y al “Instagram”, quieren controlarte, son incapaces de leer o escribir cualquier cosa que tenga más de 140 caracteres, están llenas de prejuicios acerca de la sexualidad de los demás, y se ponen nerviosas cuando se echan un lamparón, no reciben respuesta cuando los dos ticks están azules, piensan que tienen un tumor incurable cuando les duele un poco la cabeza, o se enfadan cuando descubren que otro lleva un par de zapatos iguales a los suyos. Sólo son un completo estorbo que no solo te dificultará enormemente las cosas, sino que muy probablemente te arruinará la vida a las primeras de cambio.

Morirán sin duda alguna, y harán que te maten por el camino. Si es que no te acaban matando ellos-ellas mismos/as antes de hacerte pasar por el yermo de cientos de horas de insufribles lamentos, demandas y quejas.

Cachas
¿De verdad crees que este tipo tiene el aspecto de alguien que sobreviviría a las condiciones más extremas sin su ración diaria de esteroides? Si la respuesta es afirmativa, entonces deberías visitar algún museo arqueológico… Cualquier parecido con nuestros ancestros cavernarios -que sabían mucho de supervivencia- es meramente incidental.

La pareja ideal

En estas situaciones de extrema supervivencia solo hay un mandamiento útil que debe conducirnos en la elección de compañía, y ante el que cualquier otra consideración ha de ser secundaria: elige a quien te acompaña por sus conocimientos, por su capacidad para superar los momentos de crisis, por sus nervios templados, y porque tenga brazos fuertes para matar zombis, lobos, extraterrestres tentaculados, o piratas si llega el caso. Y sin dudarlo. Sin pestañear.

Te interesa una persona que no le haga ascos a coser una herida abierta con un hilo de lana sacado de un jersey viejo, a ordeñar una cabra o despellejar un conejo, que sea capaz de subirse a un árbol o al caballete de un tejado si la necesidad aprieta, que pueda destripar una trucha sin vomitar o comerse un huevo crudo arrugando levemente la nariz… Que tenga espaldas y brazos fuertes -ojo, digo “fuertes” no “musculosos” o “esculpidos”- para cargar pesos y repartir bofetadas… También, si es que puedes averiguarlo antes de elegir, una buena capacidad reproductiva, pues tarde o temprano habrá que ponerse a la tarea de repoblar el tinglado este. Porque en eso es en lo que se equivocan las películas. Tristemente, nos han engañado durante décadas al hacernos creer que esos maniquíes bellos e inútiles que nos venden en el cine y que corren durante horas con tacones o aprenden a manejar un AK-47 como expertos en diez minutos y por mera ciencia infusa, serán quienes sobrevivirán al desastre cuando, mucho me temo, serán los primeros en diñarlas a poco que las cosas se pongan chungas. O bien morirán solos, o bien los matará alguien para robarles las botellas de agua mineral cara que guardan en la nevera del gimnasio.

Fin del Mundo - Zombi
No te equivoques: esto ya está ocurriendo.

Mira a tu alrededor. Observa concienzudamente a quienes te rodean… Ojo, con disimulo, que no sepan en qué piensas… Reconocerás a esa pareja ideal en seguida. Analiza sus costumbres, su pasado, sus conductas, y no tendrás duda alguna… A lo mejor incluso descubres que tienes suerte y ya estas compartiendo tu vida con la persona adecuada, lo cual es una garantía de éxito. En tal caso, si eres de esas personas afortunadas, ni se te ocurra dejarla escapar, ámala mucho, pégate a ella, tenla muy contenta, y garantízate su compañía para así poder afrontar con eficacia el apocalipsis que se avecina.

¿Qué es lo que debes buscar? ¿Cómo es esa persona perfecta para el fin del mundo? Veamos:

  1. Si en su casa ha sido normal beber en vasos baratos, sin florituras, se cuida sin excesos neuróticos, no está permanentemente quejándose de algo, no es clasista ni juzga a la gente por su aspecto, puede pasarse días enteros sin gastar un céntimo en tonterías, se puede lavar la cabeza con una simple pastilla de jabón, no le importa salir a la calle con una camiseta vieja, es capaz de comerse un yogur caducado, y tampoco le hace ascos a un bocata de mortadela pringosa hecho con pan de molde reseco… Ahí tienes sobradas razones para suponer que no se le caerán los anillos si tiene que pasar penalidades, que será capaz de adaptarse a cualquier adversidad y que tirará para adelante con cualquier sustento (aunque se trate de un pincho de ratón a la brasa).
  2. Aunque te pueda parecer lo contrario, el gusto por la música de calidad, el arte, la lectura y los conocimientos generales, van estrechamente unidos a la capacidad intelectual y al buen desempeño psicológico. Hay incluso estudios bastante rigurosos que parecen apuntar en esta dirección. De modo que si tu pareja –o la persona que te gusta- no tiene ni idea de quiénes son los Led Zeppelin, Chet Baker o Shostakovich y, por el contrario, es capaz de tirarse horas y horas escuchando sin descanso “reguetón”, bodrios de “diyeis”, “chunda-chundas” y otras perversiones estéticas afines, ten claro que ni su cociente intelectual, ni su inventiva, son aptos para sobreponerse a lo que se avecina (muy posiblemente, salvo que hayan pasado una vida repleta de penurias y dramas, estas personas caerán como moscas en cuanto desaparezca la cobertura de sus “smartphones”, se les quede el coche sin gasolina, no tengan batería en el portátil o carezcan de agua corriente). Pero si descubres que hay en tu cercanía alguien que no solo tararea de carrerilla Smoke on the wáter, sino que además es capaz de hablarte durante horas sobre jazz, sabe quién es el Camarón, entiende de música folk, distingue a Baudelaire de Rimbaud y, además, diferencia perfectamente entre el cubismo y la abstracción, procura mantenerte a su lado. A buen seguro, llegado el caso, tendrá muchas ideas, inquietudes y/o conocimientos de todo tipo que podrán salvaros la vida a ambos en el momento más insospechado (los otros, si tienes suerte, igual también te funcionan. Pero… ¿te la jugaras?).
  3. ¿Sabe apretar un tornillo? ¿Le has visto alguna vez colgar un cuadro? ¿Puede utilizar un serrucho? ¿Es capaz de utilizar un martillo sin romper nada? ¿Entiende la diferencia entre un cáncamo y una alcayata? ¿Es capaz de arreglar un enchufe sin recibir un calambrazo? Si no es el caso, mueve la cabeza lastimosamente y aléjate. Estás ante un caso perdido.
  4. No es crucial que sea muy “friki”, pero sí que, al menos, domine los rudimentos elementales del “frikismo”. Me explico: debe saber por qué Star Trek no es lo mismo que Star Wars, que cuando hablas de GTA te refieres a un videojuego y no a un modelo de tostadora, que Batman es un producto de DC al igual que Spider-Man lo es de Marvel, que hay juegos de mesa muy divertidos con los que se puede pasar muy buenos ratos porque sí, y debe comprender que una película no es mala tan solo porque sea en blanco y negro, o que no hace falta que un libro sea “muy vendido” -más bien al contrario- para ser bueno. Todo ello te va a garantizar que será buena compañía en los momentos de aburrimiento –que habrá muchos, te lo garantizo, porque no todo será huir de los zombis hambrientos- (por supuesto, también puedes escoger a una persona muy seria, equilibrada, centrada, argumentativa y coherente que sea incapaz de mantener una conversación que no verse sobre un tema capital para el futuro de la Humanidad… Pero seguro que será un ególatra narcisista e impresentable, y además te vas a aburrir de firme. Piensa que la gente inteligente se maneja con cierta eficacia en todos los terrenos).
  5. Importantísimo: Cuando te metes con esa persona no duda en plantarte cara y defender su territorio y su dignidad. Eso es bueno, pues significa que estás ante alguien de carácter, y el carácter forja a los supervivientes… Tu pareja, es evidente, no debe tener ambages en soltar una ristra de blasfemias si viene al caso entretanto le parte el cuello a esos canallas que quieren arrebataros la escasa comida que habéis reunido tras muchos días de sufrimiento y privaciones (recuerda: ya no puedes confiar en que la ley disuada a nadie de nada).
  6. Tiene que ser capaz de mantener la cabeza fría en los momentos difíciles y no montar un psicodrama porque se ha partido una uña, hay una avispa, se ha hecho pupa en un dedo, o lleva un siete en los pantalones. Piensa que necesitas a tu lado a alguien templado, calmado, que cuando vea torrentes de sangre no se ponga a vomitar o a dar saltitos histéricos en un rincón.
Fin del mundo - comida
Imagina que tu pareja y tu lleváis dos días sin probar bocado y lo único que se os pone a tiro es esta “delicatesen” repulsiva con el pan duro y la salchicha salida de quién sabe dónde. ¿Os la comeríais por turnos, mano a mano, y sin rechistar?… Si la respuesta es afirmativa, entonces tenéis sin duda alguna madera de supervivientes.

Ya que estamos, te diré que no hace falta que venga el fin del mundo para que todo esto sea preciso. Si quieres sobrevivir a esta maldita vida con garantías, te hace falta una pareja así.

Por favor, deja trabajar a la selección natural.

Un comentario en “La pareja ideal para sobrevivir al fin del mundo (o una reflexión alegórico-irónico-sarcástica acerca del apocalipsis presente)

  1. Muy buen artículo y reflexión, sin duda es muy difícil encontrar a la mujer/hombre perfecto. Confiemos en la selección natural.

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