Eso no me suena…

Los “fakes” y manipulaciones varias que nos persiguen en esta pretendida “sociedad de la información” son una completa pesadilla. A decir verdad, porque tampoco viene al caso hacerse líos con todo esto, mentir se ha mentido siempre y por infinidad de motivos, del mismo modo que la difusión de rumores interesados es una constante histórica de la que ya no vamos a sorprendernos. La diferencia, bien simple, es que en la actualidad los embusteros y los falsificadores cuentan con potentísimas herramientas para la emisión y expansión de sus rumores, mentiras y maledicencias. Una herramienta en la que, además, es fácil encontrar complicidades y comunidades de intereses para generar grupos de presión, acoso, censura y pensamiento único. Y, sorpresa, el engendro vale tanto para los que mandan, como para los que no. Para una sociedad que vive enganchada a los espacios virtuales y cada vez ignora lo real con mayor virulencia, y este es el verdadero problema del presente, la mentira ha pasado de la coyuntura a la norma.

La expansión de falsificaciones e imposturas en las redes, a todos los niveles y por todos los medios, precisa del elemento humano y, más específicamente, de un componente elemental e intrínseco al gregarismo de la psicología humana:  la gratificación emocional que nos incita a “creer” o “estar de acuerdo” con aquellas noticias, ideas y planteamientos que de un modo u otro corroboran nuestros propios puntos de vista por disparatados que sean y, claro está, el irremediable placer que encontramos al descubrir que no estamos solos en su defensa, y convendría recordar ahora lo que publiqué en su momento sobre las “leyendas urbanas”. Los alienados se agrupan. Los dogmáticos forman rebaño. Los autoritarios -que suelen ser ambas cosas en mayor o menor medida- buscan incesantemente remansos ideológicos comunitarios en los que, simplemente, encuentran bienestar emocional. No existe ni un solo imbécil que sea librepensador porque ningún tonto soporta la presión de sostener su necedad en solitario. Al fin y al cabo, es más fácil sucumbir a la tranquilidad de una ideología prefabricada que tener pensamiento crítico, del mismo modo que es más sencillo vivir en la inevitable y cómoda ignorancia que emana de la subjetividad, que esforzarse por buscar conocimientos certeros y lo más ajustados a los hechos que sea posible.

En suma: la manipulación lo tiene fácil en la misma medida que cada cual tendemos a dejarnos empujar hacia determinada dirección. Prueba de ello es que la mayor parte de nosotros es completamente “sorda” y “ciega” -cuando no directamente refractaria- ante los discursos que no le interesan por cualquier motivo, lo cual explica que cada variante del engaño tenga su propio público y, en consecuencia, su propio ejército de altavoces y difusores. Así se entiende la expansión de bulos claramente interesados y destinados al consumo de cierto público bien predispuesto que me vienen llegando vía WhatsApp en estos insoportables días de campaña -o precampaña, o lo que sea, que ya me pierdo- electoral.

Pobre Espronceda

Me llega hace unos días un mensaje que comienza tal que así:

“Esta poesía de José de Espronceda (Almendralejo 1808 – Madrid, 1842) retrata un momento de la historia idéntico al actual. ¡¡¡Espronceda vive!!!”.

De entrada, dudo que esto sea posible porque si bien es cierto que las historias pueden repetirse en su forma, nunca son en el fondo la misma historia porque los tiempos cambian de suerte inevitable y, con ellos, los matices, formas y contextos. Pero leo el primer verso:

“Oigo, patria, tu aflicción…”

Ya vamos mal. Ese es el comienzo de una popular oda titulada El Dos de Mayo, del poeta Bernardo López García (Jaén, 1838 – Madrid, 1870). No es que yo sea un experto en lírica española del siglo XIX, pero he ido a la escuela, se leer -y lo hago mucho-, conozco algo a los clásicos y me precio de tener buena memoria. Como, por otra parte, soy un tipo biempensante por principio, concedo al remitente el beneficio de la duda. Igual se ha confundido con la atribución esproncediana, que esta clase de confusiones son cosa habitual y a todos nos han ocurrido alguna vez. El problema es que, al seguir leyendo, sin entender muy bien que tendrá que ver el célebre levantamiento popular contra los franceses con un momento de la historia “idéntico al actual”, me encuentro con un despropósito falsario absolutamente vergonzante que haría sonrojarse a cualquier persona sensata. De hecho, la única correspondencia del poema original de López González con el fraude se encuentra en el primer verso. Véase someramente la comparativa:

El dos de Mayo

(Bernardo López García)[1]

El engendro del WhatsApp

(falsamente atribuido a José de Espronceda).

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!

[y etcétera].

Oigo, patria, tu aflicción,
y no entiendo porque callas,
viendo a traidores canallas
despedazar la nación.

Dando a un ingrato felón
estúpidas concesiones,
están haciendo jirones
esta tierra milenaria
de gente, ayer solidaria,
y hoy podrida de ambiciones.

Lloras, porque ten engañaron
los que lealtad prometieron,
los mismos que te aplaudieron
y la Ley corroboraron.

Alevosos, traicioneros,
bellacos y desleales,
la convivencia entre iguales
rompen con su felonía,
y han de acabar la porfía,
en inmundos cenagales.

Buscando solo engañar,
distorsionaron la historia
para turbar la memoria
de las gentes del lugar.

[y etcétera].

Jose de Espronceda
Espronceda, el vejado.

Siendo tristes la manipulación ideológica y el ardor demagógico que emanan los versos falsificados –que no he querido reproducir al completo porque no merece la pena perder más tiempo con tanta chorrada-, mucho más penoso es que su difusor deba transgredir la memoria literaria y artística patria para revestirlos de una pretendida pátina de respetabilidad. Ciertamente, no hace falta ser un experto en poesía española decimonónica o en filología hispánica para advertir que, ni en forma ni en fondo, tales versos podrían atribuirse a cualquier poeta de la época sugerida, pero aquí poco importa. En un país en el que se lee poco y en el que casi todo cuanto se lee se entiende mal, o simplemente se tergiversa, es relativamente fácil que el embuste cuaje. Ello por no hablar del lamento acerca de la “distorsión de la historia” que emite este cenutrio a su vez distorsionador de la historia “para turbar la memoria / de las gentes del lugar”.

Los Espronceda y López se revuelven en sus tumbas azuzados por la mano de un tonto/a enemistado con la democracia, las libertades y la separación de poderes que se vale de su legado literario para fines espurios. Un tonto/a al que, seguramente, se le pongan las venas del cuello como lapiceros cuando se le saca el tema de los plagios y las falsedades de sus supuestos “enemigos” políticos.

Este es el nivel que hay.

Bernardo Lopez García
López García, el falsificado.

Ni los clásicos grecolatinos se salvan

En efecto. Dos días después –y ello fue lo que me animó a componer esta entrada- me llega otro penoso mensajillo masivo de estos que el personal difunde al buen tun-tun. En este caso, la sentencia demagógica y falsaria se atribuye a Isócrates de Atenas (436 a.C.-338 a.C.), filósofo, político y educador que regentó una prestigiosa Academia que compitió directamente con la de Platón, del que siempre fue un encarnizado opositor intelectual. La frase que se le endosa, en este caso, viene disfrazada en el formato de uno de esos odiosos “memes” que pululan por ahí y su texto tiene un enigmático detalle de fábrica al identificar la imaginaria cita con un contexto histórico también “idéntico al actual” (!). Véase la figura adjunta. Por supuesto, y cómo no podía ser menos, el autor/a del meme no nos dice de dónde ha sacado la cita, lo cual ya es por sí mismo sobrado motivo de sospecha.

Isocrates
Pues mire, de Isócrates no es…

Y resulta que, vaya casualidad notable, tengo un ejemplar de los Discursos de Isócrates en la excelente edición de Editorial Gredos[2] de modo que, sospechando ya una falsa atribución, porque tampoco me cuadra el contenido de la cita ni en forma ni en fondo, me pongo a la tarea de su localización. Bien, pues a lo largo de todo el texto (notas del traductor y del comentarista incluidas), la palabra “democracia” aparece en un total de 64 ocasiones y ninguna de ellas se inserta en lugar que corresponda con la antedicha “cita”, ni se dice cosa remotamente parecida a la expuesta.

Pero no solo. La palabra “anarquía” no se nos presenta ni una sola vez, lo cual nada tiene de extraño por cuanto en el meme se ubica totalmente fuera de contexto, razón principal que, así de entrada, nos hace dudar de la autoría de la frase… No es solo que Isócrates fuera un demócrata moderado que propugnaba un modelo democrático controlado por una élite oligárquica, idea que satisfacía a muchos de sus coetáneos, es que el concepto de anarquía como utopía política, a la Kropotkin, carecía de todo sentido para un griego del periodo clásico al derivarse el propio concepto literalmente de an-arkhé, esto es, sin principio o sin fundamento, idea simplemente inconcebible en la época. Así pues, daremos una pista al osado inventor del meme: la próxima vez utilice usted “desorden” o “caos”, e igual cuela. Y recuerde, de paso, que la idea que los griegos tenían de la democracia tiene un parecido bastante remoto con la que manejamos nosotros, pues nuestras democracias cifradas en la aséptica separación de poderes, aunque emulan con mayor o peor fortuna el ideal griego, son producto de la Ilustración… Y ya había llovido lo suyo.

Con todo, lo sorprendente es que esta maldita cita apócrifa, tal cual, ha tenido bastante más éxito y recorrido que el fraude esproncediano precedente –detectado con rapidez por muchos usuarios- en la medida que, tras una búsqueda sencillita en Google, me la he encontrado así tal cual en “sesudas” columnas de opinión elaboradas por aguerridos plumillas, en más de un blog de contenido discutible -uno de ellos incluso le coloca la cita a Sócrates, porque la de la “i” del comienzo le debió sonar raro al propietario-, e incluso en el editorial de algún periódico de cierto prestigio (me ahorraré los enlaces para no avergonzar a nadie). Casi nada. Que ya es absurda, por cierto, la manía esta de colarle al pobre Sócrates, que no dejó ni una sola línea escrita de su puño y letra, citas, referencias, chanzas y titulillos.

Y no dejo de preguntarme qué culpa tendrán los pobres Isócrates, Platón, Aristóteles, Epicteto o Epicuro para que les carguemos con nuestras porquerías, bazofias y desidias ideológicas e intelectuales. Digo yo, y huelgan otros comentarios.

En resumen: si la iluminación les entra por WhatsApp, Twitter o similar, mejor no se la crean ni contribuyan al desconcierto general. Que la gente ya anda bastante confundida ella sola.


[1] López García, B. (1867). El dos de mayo. Poesías de Don Bernardo López García. Jaén: Establecimiento tipográfico de Don F. López Vizcaíno, 51-54.

[2] Isócrates (1982). Discursos (Introducción, Juan Signes Codoñer; Traducción, Juan Manuel Guzmán de Hermida). Madrid: Editorial Gredos.


POSTCRIPTUM (5 de noviembre de 2019)

Me escribe un lector diciendo que igual estoy confundido con el asunto de Isócrates, y que la cita bien pudiera aparecer tal cual en el segundo volumen de sus Discursos, también editado por Gredos (Madrid, 1980, traducción de Juan Manuel Guzmán Hermida). Ciertamente, no creí necesario añadir más caña erudita a la entrada para no resultar pedante, pero resulta que ese libro también lo tengo. Y no es solo que cuando se habla de la “destrucción” de la democracia se haga en tono condenatorio hacia los tiranos, oligarcas y sofistas que la agredieron incesantemente -lo cual ya es como para tomar nota-, sino que, por abundar en detalles, la palabra “democracia” aparece en el texto global -notas incluidas-, en 48 ocasiones. La palabra “anarquía”, obviamente y como no podía ser de otro modo, en ninguna…

Por supuesto, y como ya dije, la cita de marras no aparece jamás (Q.E.D.).

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